!Nada a la vista! (Gracias a una lata antigua de cola cao de los años 60 o 70).
-¿Qué me dice, señor , de las latas del cola cao?
Pues bien, he encontrado un par de páginas de coleccionistas y de subastas, en algunas las “ofrecían” a un precio desorbitado mientras que en otras la cuantía descendía en función de lo oxidadas que estuvieran.
La curiosidad mató al gato y, visto lo visto, debería guardarla como oro en paño.
No voy a traficar con mi acumulador de polvo número 758, ni voy a desterrar la lata a un cajón hasta el fin de sus días...
Es un recuerdo al que voy a dar uso. Eso sí, la mimaré más de la cuenta.
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